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La agricultura familiar centra el Día Mundial de la Alimentación

Julia Lempica. Periodista

Como cada 16 de octubre, hoy se celebra el Día Mundial de la Alimentación, proclamado por el Fondo de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), esta vez centrado en la agricultura familiar como vía para alimentar a la población creciente del planeta sin amenazar el medioambiente.

Por primera vez, el foco de atención se sitúa en este relevante papel de la agricultura familiar en relación con la eliminación del hambre y la pobreza, así como el logro de la seguridad alimentaria, una mejor nutrición, elevación de los medios de vida, la ordenación de los recursos naturales, la protección del medio ambiente y el logro del desarrollo sostenible, en especial en las zonas rurales, según la FAO.

En el momento actual se necesitan recursos para alimentar a alrededor de mil millones de personas hambrientas, la mayor parte de ellos habitantes de países en vías de desarrollo. Por lo que en este año el objetivo es aumentar la concienciación social sobre este problema de dimensiones planetarias.

Casi la mitad de la población mundial se dedica total o parcialmente a la agricultura, localizándose las mayores cantidades en África, Asia y América del Sur, según datos de Naciones Unidas. Pero el hambre no se deriva de la producción de alimentos, sino de la desigual distribución de ese recurso básico. A modo de ejemplo y según datos oficiales, lo cosechado en el año 2008 fue suficiente para garantizar la comida de 9.000 millones de personas.

De acuerdo al informe del Estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2014, el número total de personas con hambre en el mundo se ha reducido en 37 millones, aunque todavía  805 millones sufren escasez de alimentos. La buena noticia es que, por el momento, 63 países han alcanzado el objetivo internacional de reducción del hambre antes del 2015, lo que prueba que el progreso es posible cuando gobiernos, organizaciones humanitarias y el sector privado se unen para lograr un cambio duradero.

Estudios recientes han destacado los efectos devastadores que pueden tener el hambre y la desnutrición en la vida de las personas, comunidades y economías nacionales. Estudios sobre el costo del hambre en África ha demostrado que el hambre es capaz de reducir la fuerza de trabajo de un país hasta un 9,4% y el PIB nacional hasta en un 16,5%, limitando severamente la capacidad de un país en desarrollo para hacer inversiones más necesarias y crecer

A pesar de los avances, todavía es poco probable alcanzar los Objetivos del Milenio, donde se aspiraba a reducir a la mitad del número total de hambrientos para el año 2015.

Feliz Día Mundial de la Alimentación

Asun Armas. Coach Nutricional

Siempre me ha impactado y me han hecho reflexionar las cifras de sobrepeso y obesidad por un lado y, por otro, las de desnutrición y hambre. Las cifras que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sacan a la luz hoy con motivo del Día Mundial de la Alimentación son impactantes: 2.000 millones de personas padecen malnutrición en el mundo y paradójicamente .1400 millones de personas sufren sobrepeso, de los que 500 millones son obesos. Son cifras para hacer una profunda reflexión, de cara al reto de alimentar a una población que alcanzará los 9.000 millones de habitantes en todo el planeta para 2020.

Quizá hoy puede ser un buen día para hacernos diferentes preguntar y reflexionar

¿Cómo tiene que ser un sistema alimentario sostenible? ¿Es posible llegar hasta él desde la situación actual? ¿Qué debe cambiar para que avancemos en esa dirección? ¿Qué puedo hacer yo?

Es evidente que el actual sistema alimentario y el modelo de desarrollo es insostenible. El agotamiento de los recursos naturales, el daño causado al medio ambiente, el empobrecimiento cada vez mayor de la población en los países subdesarrollados, junto con un modelo de agricultura que está basado en la explotación del ser humano y del planeta y la especulación actual que se produce con los alimentos.

La subida continúa de los alimentos en países en vías de desarrollo. El desaprovechamiento de los alimentos,  en los países más desarrollados es generalizado. Grandes supermercados y restaurantes de todo el mundo se deshacen cada día de alimentos que sólo presentan faltas en el envoltorio o que están cerca de caducarse pero que podrían ser consumidos.

¿Qué puedo hacer yo? Es importante que tomemos conciencia que como consumidores tenemos un gran poder, podemos decidir qué productos comprar y donde comprarlos. Entre todos podemos fomentar una forma de consumo en la que cada persona sea consciente de que es co-responsable de los efectos sociales y ecológicos de la producción de ese producto. Esto es practicar un consumo responsable.

Esto implica la elección de los productos no sólo en función del precio, sino también según la información que nos proporcionan sobre su origen y su proceso de producción y la conducta de las empresas que nos lo ofrecen.

Trata también de practicar una forma de alimentación saludable, ecológica y responsable, además de ir cambiando hábitos poco saludables por otros que nos ayuden a crear un estilo de vida sana y sostenible. No se trata solo de alimentarnos bien, sino de practicar además ejercicio físico, mantener un peso sano y fomentar la salud física, mental, emocional y social.