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El “Nobel alternativo” premia la agricultura sostenible

Julia Lempica. Periodista

El agrónomo suizo Hans R. Herren recibió este lunes el conocido como “Nobel Alternativo” por su labor como promotor y pionero de la agricultura ecológica y sostenible, a través de sus trabajos en favor del control biológico de plagas en el continente africano desde los años ochenta.

A través de su trabajo en el Instituto Internacional de Agricultura Tropical (IIAT), Herren impulsó un programa de control biológico para acabar con la plaga de la yuca en África y sin usar pesticidas, una estrategia poco común en los años ochenta, que gozó de poco predicamento, lo que dificultó la captación de fondos para el programa, aunque probó ser acertada años después.

“El medio de vida de más de 200 millones de personas fue restaurado y se salvaron las vidas de 20 millones con una inversión total para el proyecto de 20 millones de dólares, un dólar por vida salvada”, resaltó Herren este lunes en su discurso de recogida del premio.

Al frente del IIAT, en Nigeria, diseñó e implementó un programa de control biológico para cuando una nueva plaga amenazaba la raíz de yuca en África, un sistema ahora reconocido por haber salvado millones de vidas, al garantizar la seguridad alimentaria de las personas que dependían de ese cultivo para subsistir.

La yuca fue importada a África desde América del Sur en el siglo XVI y se cultiva actualmente en unos 40 países africanos. Hasta la década de 1970, a penas era atacada por plagas en África, lo que hizo evolucionar este cultivo como uno de los principales del continente, parte de la alimentación diaria de alrededor de 200 millones de africanos.

En la los años setenta, una plaga de cochinilla fue accidentalmente importada al continente africano y, debido a la falta de enemigos naturales, se expandió rápidamente, amenazando la supervivencia de millones de personas. La pulverización de plaguicidas iniciada por los gobiernos afectados no resultó exitosa. De expandirse por todo el continente habría tenido graves consecuencias tanto para las personas como para el ambiente, sin dar solución final al problema.

Herren planteó un enfoque alternativo. Desarrolló el Programa de Control Biológico en toda África, creó una coalición internacional y aseguró la financiación para luchar contra la cochinilla de la yuca por medios naturales. Con la ayuda de esta red mundial, halló al enemigo natural de la cochinilla, una avispa parásita que habitaba en Paraguay.

Herren se dedicó a la cría de esta avispa y, una vez que comprobó que no alteraba el agroecosistema africano, comenzó una de las campañas de liberación más importantes de la historia. Alrededor de 1,6 millones de avispas fueron liberadas entre 1982 y 1993 en 24 países del cinturón de la yuca, desde Senegal hasta Angola. El programa volvió a crear el equilibrio natural entre la cochinilla y su enemigo natural, garantizando una solución sostenible y de largo plazo al problema de la plaga que amenazaba la yuca.

Se ha estimado que el programa salvó la vida de 20 millones de personas. Según la activista medioambiental Vandana Shiva, galardonada con el Right Livelihood Award en 1993, “nunca ha habido un programa con tan alto impacto en seguridad alimentaria y nutricional de una manera tan breve y social y ambientalmente eficaz”.

Más tarde, Herren exportó al mundo estos conocimientos como el co-director de la Asesoría Internacional de Conocimiento Agrícola, Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (IAASTD), dentro del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y respaldada por 59 países.

En la actualidad, desde su Fundación Biovisión, con sede en Zúrich (Suiza), Herren continúa ayudando a agricultores africanos a combatir el hambre, la pobreza y la enfermedad a través de la agricultura ecológica. Con su trabajo teórico y práctico, ha  demostrado que una agricultura anclada en principios agroecológicos puede alimentar un mundo con una población en crecimiento y necesidades en movimiento.

Los premios al “Correcto Modo de Vida” como realmente se llama este galardón, se entregan anualmente en el Parlamento de Suecia, son concedidos por la fundación Right Livelihood Award, que distingue la labor social de personas en todo el mundo. Estos galardones, considerados la alternativa al Nobel, fueron instituidos en 1980 por el escritor y ex eurodiputado sueco-alemán Jakob von Uexküll.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente premia a Carlo Petrini, fundador del Slow Food.

Premio para el Slow Food

Julia Lempica. Periodista

El fundador del movimiento Slow Food, Carlo Petrini, ha sido galardonado con el premio Campeones de la Tierra, que otorga cada año el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Desde la ONU han comprendido la indisoluble relación entre alimentación y medio ambiente y, por ello, han otortado a Petrini este premio en reconocimiento “a su labor en la mejora de la sostenibilidad de la agricultura y suministro mundial de alimentos y el manejo de estos desperdicios“.

En la entrega del premio celebrada ayer en Nueva York, el PNUMA destacó el “trabajo pionero”, desde hace tres décadas como líder del movimiento Slow Food, en las que ha acumulado más 100.000 miembros y seguidores en más de 150 países.

Los adeptos al Slow Food comparten una visión común basada en la defensa de las tradiciones alimentarias locales, el apoyo a la biodiversidad, el manejo de los desperdicios alimentarios y la promoción de los productos locales de calidad, comercializados a pequeña escala.

“Este premio muestra el camino tomado por el Slow Food hace casi tres décadas han cambiado profundamente el concepto de la gastronomía, vinculándola a la conciencia y protección medioambiental”, señaló Petrini al recoger su premio.

La Fundación de Slow Food para la Biodiversidad trabaja en 50 países con cerca 10.000 productores locales en la promoción de una agricultura y pesca sostenible desde el punto de vista ambiental y cultural, un trabajo que realizan mano a mano con las comunidades locales, a las que prestan asistencia técnica y financiera.

Con este premio, el PNUMA reconoce el trabajo de líderes gubernamentales, de la sociedad civil o del sector privado, cuyas acciones tienen un impacto positivo en el medio ambiente.

Y desde Espacio Ágape felicitamos a Carlo Petrini a todos los implicados en el movimiento Slow Food por este merecido premio y su honorable trabajo durante casi treinta año por un mundo justo a través de la alimentación y el respeto al medio ambiente.

El huerto urbano: compromiso ecológico de la ciudad

Uxía Pérez Gonzalvo. Periodista

El cerebro hace extrañas asociaciones para recordar las cosas. Y por algún motivo cuando escucho “huerto ecológico” no puedo evitar que un fotograma de la película “Matrimonio de conveniencia”, en el que la protagonista arregla un jardín en un solar de Manhattan, venga a mi memoria.

Tal vez no sea un huerto ecológico, ni ella esté cultivando. Lo cierto es que apenas recuerdo nada de esa película. Eran solo unos minutos de metraje, pero creo que se trata de una clara referencia a la green guerrilla. La semilla del actual movimiento la puso esta guerrilla verde cuando en 1973, la artista Liz Christy y un grupo de activistas decidieron transformar una parcela del sur de Manhattan, una zona abandonada y foco de atracción para la delincuencia, en el primer huerto urbano de la historia.

Los huertos urbanos proliferan en el asfalto de todo el país. La red está plagada de páginas que informan de dónde encontrarlos, cómo hacerse con un espacio o cómo cuidar de ese terreno. La agricultura ecológica y el consumo de productos locales se están haciendo cada vez más habituales en nuestra realidad cotidiana. Este nuevo modelo de cooperación comunitaria y de regresión a los orígenes, no es más que la evolución en España de la green guerrilla norteamericana, todavía activa o de la más reciente guerrilla gardering inglesa.

A las afueras de Madrid una parcela de 45 metros cuadrados supone un coste de 40 euros mensuales. En Santiago de Compostela se adjudican los terrenos por sorteo y la concesión gratuita dura dos años, renovable por otros dos. El Ayuntamiento de Barcelona destina sus huertos por sorteo a mayores de 65 años que podrán utilizarlos de manera gratuita durante cinco años. Y en la localidad valenciana de Torrent se ha puesto ya en marcha el primer huerto-escuela de España. Estos son ejemplos de distintos modelos derivados de una misma idea.

Los defensores de la agricultura ecológica coinciden en que no usar productos químicos tóxicos protege nuestra salud y cuida el entorno. Porque esta práctica conserva e incrementa la biodiversidad al fomentar la plantación de árboles, diversificar cultivos y conservar semillas autóctonas y porque al suprimir los productos químicos no se afecta a la fauna y ni a la cadena alimentaria. La agricultura ecológica supone un compromiso con el entorno por parte del agricultor y del ganadero. Compromiso al que cada día se adhieren cientos de personas en el mundo. Una moda ecológica que nos beneficia a todos y abre las puertas a un futuro sostenible en nuestro planeta.