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El aire que respiramos es cancerígeno

Julia Lempica. Periodista

El aire contaminado que respiramos día a día provoca cáncer del pulmón. Así de claro y así de simple lo ha anunciado la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, en sus siglas en inglés), que es la división de la Organización Mundial de la Salud encargada de revisar qué sustancias ocasionan esta enfermedad y con qué seguridad se cree que lo hacen.

Basándose en las conclusiones de hasta catorce estudios diferentes, la IARC ha incluido el aire contaminado en su conjunto como elemento cancerígeno, con especial incidencia en el caso de cáncer de pulmón, pero también en el de vejiga.

De este modo, la contaminación ambiental queda clasificada dentro del grupo 1, el más alto en la escala, el de las sustancias sobre las que no cabe duda científica, junto con tabaco, asbestos, plutonio, polvo de sílice, radiación ultravioleta, amianto, benceno o formaldehído.

Según los datos de esta agencia, en 2010 se produjeron 223.000 muertes por cáncer de pulmón en todo el mundo atribuibles a la contaminación, causada principalmente por el transporte, la producción de energía, las emisiones industriales y agrícolas y la calefacción residencial.

El riesgo de cáncer del pulmón aumenta en la medida en que crecen los niveles de contaminación ambiental, un fenómeno que se está produciendo en todo el mundo. Y es especialmente grave en los países más industrializados de Asia y Latinoamérica. La nube de polución que pesa sobre las áreas industriales de China debería ser una llamada de atención sobre este problema para el resto del mundo. Visible o no, pocos territorios escapan de este problema.

Ya estaba aceptada la premisa de que la contaminación del aire es un riesgo para la salud en general, que provoca problemas respiratorios y cardíacos. Pero ahora se confirma que es, junto al tabaco, uno de los factores fundamentales para el desarrollo de cáncer de pulmón.

Por tanto, no parece descabellado pensar que un estilo de vida más sostenible, basado en bajas emisiones, eficiencia energética y modelos agrícolas ecológicos, contribuye a limpiar el aire que respiramos y se traduce, por tanto, en un estilo de vida más saludable.