Feliz Día Mundial de la Alimentación

Asun Armas. Coach Nutricional

Siempre me ha impactado y me han hecho reflexionar las cifras de sobrepeso y obesidad por un lado y, por otro, las de desnutrición y hambre. Las cifras que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sacan a la luz hoy con motivo del Día Mundial de la Alimentación son impactantes: 2.000 millones de personas padecen malnutrición en el mundo y paradójicamente .1400 millones de personas sufren sobrepeso, de los que 500 millones son obesos. Son cifras para hacer una profunda reflexión, de cara al reto de alimentar a una población que alcanzará los 9.000 millones de habitantes en todo el planeta para 2020.

Quizá hoy puede ser un buen día para hacernos diferentes preguntar y reflexionar

¿Cómo tiene que ser un sistema alimentario sostenible? ¿Es posible llegar hasta él desde la situación actual? ¿Qué debe cambiar para que avancemos en esa dirección? ¿Qué puedo hacer yo?

Es evidente que el actual sistema alimentario y el modelo de desarrollo es insostenible. El agotamiento de los recursos naturales, el daño causado al medio ambiente, el empobrecimiento cada vez mayor de la población en los países subdesarrollados, junto con un modelo de agricultura que está basado en la explotación del ser humano y del planeta y la especulación actual que se produce con los alimentos.

La subida continúa de los alimentos en países en vías de desarrollo. El desaprovechamiento de los alimentos,  en los países más desarrollados es generalizado. Grandes supermercados y restaurantes de todo el mundo se deshacen cada día de alimentos que sólo presentan faltas en el envoltorio o que están cerca de caducarse pero que podrían ser consumidos.

¿Qué puedo hacer yo? Es importante que tomemos conciencia que como consumidores tenemos un gran poder, podemos decidir qué productos comprar y donde comprarlos. Entre todos podemos fomentar una forma de consumo en la que cada persona sea consciente de que es co-responsable de los efectos sociales y ecológicos de la producción de ese producto. Esto es practicar un consumo responsable.

Esto implica la elección de los productos no sólo en función del precio, sino también según la información que nos proporcionan sobre su origen y su proceso de producción y la conducta de las empresas que nos lo ofrecen.

Trata también de practicar una forma de alimentación saludable, ecológica y responsable, además de ir cambiando hábitos poco saludables por otros que nos ayuden a crear un estilo de vida sana y sostenible. No se trata solo de alimentarnos bien, sino de practicar además ejercicio físico, mantener un peso sano y fomentar la salud física, mental, emocional y social.