El huerto urbano: compromiso ecológico de la ciudad

Uxía Pérez Gonzalvo. Periodista

El cerebro hace extrañas asociaciones para recordar las cosas. Y por algún motivo cuando escucho “huerto ecológico” no puedo evitar que un fotograma de la película “Matrimonio de conveniencia”, en el que la protagonista arregla un jardín en un solar de Manhattan, venga a mi memoria.

Tal vez no sea un huerto ecológico, ni ella esté cultivando. Lo cierto es que apenas recuerdo nada de esa película. Eran solo unos minutos de metraje, pero creo que se trata de una clara referencia a la green guerrilla. La semilla del actual movimiento la puso esta guerrilla verde cuando en 1973, la artista Liz Christy y un grupo de activistas decidieron transformar una parcela del sur de Manhattan, una zona abandonada y foco de atracción para la delincuencia, en el primer huerto urbano de la historia.

Los huertos urbanos proliferan en el asfalto de todo el país. La red está plagada de páginas que informan de dónde encontrarlos, cómo hacerse con un espacio o cómo cuidar de ese terreno. La agricultura ecológica y el consumo de productos locales se están haciendo cada vez más habituales en nuestra realidad cotidiana. Este nuevo modelo de cooperación comunitaria y de regresión a los orígenes, no es más que la evolución en España de la green guerrilla norteamericana, todavía activa o de la más reciente guerrilla gardering inglesa.

A las afueras de Madrid una parcela de 45 metros cuadrados supone un coste de 40 euros mensuales. En Santiago de Compostela se adjudican los terrenos por sorteo y la concesión gratuita dura dos años, renovable por otros dos. El Ayuntamiento de Barcelona destina sus huertos por sorteo a mayores de 65 años que podrán utilizarlos de manera gratuita durante cinco años. Y en la localidad valenciana de Torrent se ha puesto ya en marcha el primer huerto-escuela de España. Estos son ejemplos de distintos modelos derivados de una misma idea.

Los defensores de la agricultura ecológica coinciden en que no usar productos químicos tóxicos protege nuestra salud y cuida el entorno. Porque esta práctica conserva e incrementa la biodiversidad al fomentar la plantación de árboles, diversificar cultivos y conservar semillas autóctonas y porque al suprimir los productos químicos no se afecta a la fauna y ni a la cadena alimentaria. La agricultura ecológica supone un compromiso con el entorno por parte del agricultor y del ganadero. Compromiso al que cada día se adhieren cientos de personas en el mundo. Una moda ecológica que nos beneficia a todos y abre las puertas a un futuro sostenible en nuestro planeta.