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Del tupper de mamá al tupper solidario

Julia Lempica. Periodista

¿Te acuerdas de cuando eras estudiante y tu madre el domingo te llenaba la maleta de tuppers de sus deliciosas comidas para pasar toda la semana? Es el primer recuerdo que me vino a la mente cuando leí hace no mucho en un periódico de tirada nacional sobre una iniciativa solidaria muy interesante.

Todo empezó con tres amigos que viven cerca de la plaza madrileña de Tirso de Molina que decidieron cocinar platos caseros para personas con necesidad que suelen pasar las horas por ese céntrico enclave de la capital. Todo empezó una fría noche del pasado mes de octubre por la que allí vagaban sin techo. Todo empezó con doce raciones de unos deliciosos macarrones con salsa boloseña vegana que uno de ellos había preparado en su casa, unos bocadillos y unas raciones de fruta. No sobró nada

Diez meses después reparten más de 120 raciones de comida entre 40 voluntarios aglutinados bajo la Asociación Casa Solidaria de Madrid, con origen en Barcelona. Diez meses después, se ha pasado de un día a la semana a tres.

En su sencillez radica la belleza de esta iniciativa: la única condición es cocinar con recursos propios comida vegetariana, ya que acude gente de diferentes religiones, y acudir al mismo lugar y a la misma hora, las ocho y media de la tarde.

 

Un voluntario prepara comida en su casa. CASA SOLIDARIA MADRID

Un voluntario prepara comida en su casa. CASA SOLIDARIA MADRID

 

La iniciativa ha corrido como la pólvora y no hay nada como pasarse por Tirso de Molina sobre las ocho de la tarde cualquiera de los tres días a la semana que se reparte comida. La cola comienza a formarse como en el mercado. El último en llegar se une a la fila y en silencio, pacientemente espera su turno que marca un papelito con un número que le dan nada más llegar. Se ven sobre todo hombres, en torno a los 45 años, ecuatorianos, peruanos, marroquíes, y también españoles. Y es que la crisis ha golpeado a todos, sin distinción de raza, religión o nacionalidad.

Desde la web, piden más colaboración para llegar a más gente con este mensaje: Por favor si quieres colaborar  económicamente., y necesitamos cada vez más refuerzos para la compra de envases  que ya en cantidad tiene un gasto bien considerable como en la comida, (seguimos sin sponsor en Madrid, snifff), lo más efectivo seria que para ayudarnos en este aspecto ofrezcas tu aportación directamente al coordinador, ya que el sabe las necesidades mas perentorias.

Un mensaje que va calando porque cada noche de reparto, no solo crece el número de personas que van allí a saciar su hambre; sino también el de personas interesadas en colaborar con la iniciativa. Muchos de ellos acaban siendo voluntarios activos que se ocupan de cocinar en su casa, poner la comida en esos tuppers que te ponía tu madre y de repartirla entre aquellos que están desamparados. Recetas caseras hechas con el mismo amor que una madre.

¿Qué hay de postre?

Uxía Pérez Gonzalvo

Hace casi dos años leí un artículo en La Voz de Galicia y hace casi dos años que no sale de mi cabeza.

Recuerdo cuando los fines de semana me “iba a comer por ahí” con mis padres. Unas veces nos íbamos a Valença, otras a Praia América, otras con mis tíos a Panxón o a cualquier sitio donde los niños pudiésemos jugar libremente mientras ellos se dedicaban en profundidad a disfrutar de la sobremesa. Fueron tiempos maravillosos. Éramos muy felices, unos niños muy felices.
¿Y si yo fuese una niña ahora? ¿Y si mis padres hubiesen sido despedidos? ¿Y si yo ahora no pudiese “ir a comer por ahí” porque ni siquiera tengo nada que comer en casa? Eso sucede cada día a miles de familias en España. Es nuestra realidad. No me voy a poner sensiblera, ni quejica. Desde que leí “¡Dejad de lloriquear!” de Meredith Haff es algo que me he propuesto. Dejar de lamentarme “por lo que hay” y ver más allá. Ver lo que sí se está haciendo y la ONG Vida Digna está trabajando, trabajando muy duro para que esos niños no se sientan pobres, diferentes y abandonados. Ellos están haciendo, lo que yo desde mi “empatía” y mi “gran compromiso social”, no he hecho.

Cada fin de semana los voluntarios de Vida Digna se visten de camareros y atienden en un comedor social a familias como si viniesen a un restaurante. Cada fin de semana esos voluntarios ofrecen una carta y disfrazan una realidad para que a ojos de los niños, su realidad no cambie tanto. Cada fin de semana esta ONG abre una puerta a la esperanza para cientos de familias viguesas sin recursos a las que les falta lo más básico: la comida.

Lo humano es pensar en esos niños. Lo lógico, me parece, pensar en esos voluntarios. Ponerte un delantal, coger una bandeja y ofrecer un menú como si llevases toda la vida haciéndolo es una actuación de Óscar. Dejar a tu familia, tu fin de semana e ir a “servir” a quien no tiene nada, es uno de los mayores ejemplos de altruismo que haya leído nunca.

Una muestra de altruismo que demuestra que comer es mucho más que alimentarse o nutrirse. Comer es compartir, disfrutar en la mesa del afecto de nuestros seres queridos. Una filosofía que en Espacio Ágape hemos defendido siempre.

Que Vida Digna gestione el único comedor social activo los sábados y domingos en Vigo ya es motivo de alabanza. Que de 60 a 70 personas cada sábado y domingo, hayan pasado a atender a unas 250, parece un milagro. Un milagro que lleva funcionando cuatro años con el esfuerzo y la constancia de sus “camareros”, “chefs” y “maître” que luchan cada semana para que esos niños puedan preguntarles, como “si hubiesen ido a comer por ahí”: “¿Qué hay de postre?”.

¿Un café? Hoy invito yo

Julia Lempica

¿Te ha afectado la crisis? ¿Has tenido que apretarte el cinturón más de la cuenta? ¿Has perdido tu trabajo? ¿Te has visto obligado a dejar de tomarte un café a media mañana? Precisamente, para que nadie tenga que renunciar a ese pequeño placer se ha puesto en marcha la iniciativa de los cafés pendientes.

El procedimiento es sencillo: vas a tomarte un café, pero pagas dos. Dejas pagado uno para personas con pocos recursos, que no puedan permitirse gastar los 1,50 euros que cuesta. La costumbre de invitar a un indigente a un café nació en Nápoles ya hace varios años, pero ahora aterriza en España de forma más articulada para demostrar, una vez más, que la crisis no hace ni debe hacer mella en la solidaridad social.

Uno de los primeros locales en adherirse a la iniciativa fue el centenario Café Comercial, fundado en 1887 en plena Glorieta de Bilbao. En octubre de 2012 comenzaron a acumular cafés pendientes y ahora acaban de ampliar la oferta “pendiente” a los bocadillos. Por 2,50 euros, los clientes que lo deseen pueden dejar pagado un bocadillo de chorizo, salchichón o tortilla de patata, unos donativos de los que queda constancia en una pizarra colgada en la barra.

El mítico Café Comercial no es el único. En España hay ya más de un centenar de establecimientos que se han apuntado y todos ellos están recopilados en la web cafespendietes.es, creada por el catalán Gonzalo Sapiña, experto en marketing digital.

En la actualidad hay más de 200 cafés pendientes que nadie ha solicitado, tal vez por vergüenza o desconocimiento; por lo que en Espacio Ágape nos hemos querido implicar en esta labor de difusión de iniciativas dignas de admirar.

 

Iniciativa "Arroz a la africana" de Movimiento por la Paz

Movimiento por la Paz

Hay más. La ONG Movimiento por la Paz ha impulsado la campaña “Hoy comemos… Arroz a la Africana”, que cuenta con la participación de doce restaurantes y cinco escuelas de cocina madrileñas para luchar contra el hambre en Malí y Níger.

Cada uno de los restaurantes implicados ha ideado una receta diferente de arroz, ese alimento básico en la dieta de millones de personas que a veces solo cuentan con un cuenco de arroz que llevarse a la boca. Entre el 28 de mayo y el 19 de agosto, por cada plato vendido, los restaurantes donarán dos euros a la campaña, con la intención de conseguir los 60.000 necesarios para alimentar a las 2.400 personas malnutridas que habitan ocho comunidades rurales de Malí y Níger.

Un café, un bocadillo o un plato de arroz. Sencillos gestos que llenan el estómago con bolsillos vacíos.

Una cabra por Navidad

Productos de comercio justo. IMAGEN EN ACCIÓN.

Uxía Pérez Gonzalvo

Este año, como todos los años, tuvimos nuestro tradicional amigo invisible familiar.

Este año iba a ser un poco diferente, unas Navidades acordes a la situación y comprometidas con la realidad.

Este año mi prima Marta le regaló a su padre una cabra.

Frente a :”Me niego a ver las noticias”, “Yo ya no enciendo la televisión” o “¡Para que me cuenten más desgracias!” encontramos también ejemplos de gente que decide asumir su parte de responsabilidad en la sociedad y que se hace eco de necesidades ajenas. Orgulloso del acto de su hija y con el humor que caracteriza a mi tío, decía: “Caray Martiña ir a visitar a mi cabra me va a salir por un pico, el año que viene me regalas un billete a Mozambique para ver cómo la están tratando”.

Esta iniciativa de Intermón Oxfam para ayudar a los más desfavorecidos del Tercer Mundo, es un reflejo más de las propuestas solidarias que se han multiplicado en nuestro país a raíz de la crisis. Que España está mal lo sabemos todos; que una cifra desorbitada de familias vive con menos de 400 euros, también lo sabemos; que las cifras del paro aumentan como la desesperanza ciudadana, también lo sabemos. Lo que quizás no sabemos es que la crisis, ésa que ha arrasado con todo a su paso, también nos ha devuelto valores olvidados por muchos y desatendidos, por otros.

La solidaridad y la cooperación han crecido en España. Cruz Roja agradecía a principios de año el aumento de socios, voluntarios y donaciones. La recepción de comida en el Banco de Alimentos baraja unas cifras que hablan por sí solas. Sólo el de Madrid reparte diariamente 50 toneladas de comida. Y el pasado año en toda España se entregaron 120.000 toneladas que llegaron a 1,2 millones de personas en riesgo de exclusión.

El reciente informe de Comercio Justo también arroja datos positivos. Las ventas de estos productos de Comercio Justo han aumentado un 24% en el último año y un 33% desde 2008. La facturación total asciende, según este informe a 22,5 millones de euros, unos 0,48 euros por consumidor medio.

Podría seguir mi lista de motivos para consumir de una manera responsable y solidaria. O las razones por las que debemos crear un mundo más justo en términos de igualdad y sostenibilidad. Pero prefiero invitar a la reflexión. Nunca me han gustado los “consejos morales”, ni apelar al sentido ético de las personas. Yo crecí en un lugar donde me enseñaron a tomar mis propias decisiones y a ser consecuente con ellas.

Así que supongo que el año que viene yo también pediré una cabra por Navidad.